Para alcanzar los objetivos de cada cliente primero hay que definir claramente cuáles son esos objetivos y su horizonte temporal. Sólo entonces, basándonos en nuestra experiencia, trazamos conjuntamente con el inversor el plan apropiado para cada situación. El resultado es una estrategia singular y exclusiva para cada cliente.
Seguido de una supervisión sobre su correcta ejecución.
Es crucial la consideración de los costes que las diferentes entidades aplican sobre las carteras de activos tanto los explícitos como los implícitos. Nuestra experiencia nos dice que un seguimiento exhaustivo de los costes, permite una reducción sustancial de los mismos sin una merma en la calidad de los servicios percibidos. También trabajamos, en coordinación con los asesores legales del cliente, en la planificación y mitigación del impacto fiscal de las estrategias de inversión, y nos involucramos con ellos en la planificación sucesoria o hereditaria, en el caso de las familias, y en el análisis de los vehículos más eficientes para canalización de las diferentes inversiones.
El círculo se cierra con un seguimiento continuado de las inversiones.
Un seguimiento que va más allá de las prácticas comunes de las entidades tradicionales de banca privada. Teniendo en cuenta cuáles son las directrices del cliente, cómo pueden afectar distintos escenarios al comportamiento de diferentes activos, qué medidas han de adoptarse ante cambios en la situación de los mercados, no ciñéndonos exclusivamente al “cumpliendo con el perfil de riesgo del inversor” que debe ser una valiosa referencia pero nunca una limitación o una justificación para la inacción.